Depende de la pregunta, y la regla es más simple de lo que parece: cuanto más concreta sea la pregunta, menos cartas necesitas. Sacar muchas cartas para una duda pequeña no da más información, da más ruido.
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Dos elecciones bastan. No guardamos tus respuestas.
Una carta
Para un mensaje breve o una orientación del día. También para una respuesta cerrada, como en el tarot sí o no. Es el mejor formato para aprender: una carta al día, leída con calma, enseña más en un mes que diez tiradas largas.
Tres cartas
El formato más versátil y el que recomendamos por defecto. Da contexto sin margen para la fantasía. Las posiciones habituales son situación, consejo y resultado, que son más útiles que el clásico pasado-presente-futuro porque te dejan algo que hacer.
Cuatro o cinco cartas
Cuando hay que comparar opciones o repartir por áreas. Una tirada de decisión usa cuatro: una por opción, lo que no estás viendo y el consejo. La tirada de cinco añade causas y obstáculos.
Siete cartas
La herradura, para una situación concreta con bastante profundidad. Es el salto donde empieza a hacer falta criterio para no perderse.
Diez o más
Para una panorámica vital, no para una pregunta. La tirada de 28 cartas reparte cuatro bloques de siete por áreas: presente, amor, trabajo y futuro. No la uses para «¿me llamará?», porque la respuesta se diluye entre veintiocho mensajes.
El error de las dos puntas
Hay dos formas de equivocarse aquí y las dos son frecuentes.
Demasiadas cartas para poca pregunta. Veintiocho cartas para saber si alguien va a escribirte acaban diciendo cualquier cosa, porque siempre habrá alguna que encaje con lo que esperas.
Demasiado pocas para mucha pregunta. Una sola carta para «¿qué hago con mi vida?» no da nada aprovechable. Si la pregunta es grande, dale espacio.
Si dudas, el selector de arriba te propone un formato según lo que quieras consultar.
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